Nuestro sistema educativo está sujeto a las críticas incesantes de propios y extraños. Pero, ¿es posible que esta situación cambie en dirección favorable? La respuesta es que sí, siempre y cuando se pongan en marcha algunas tareas que deben ser desarrolladas con la oportunidad que conviene y en el menor tiempo.

Según  opiniones apresuradas o recurrentes, el deterioro de la educación se debe a la poca preocupación del Estado y a una deficiente formación profesional del docente. Con criterio responsable es importante tener en cuenta el contexto mediato e inmediato que actúa sin dudarlo con los efectos propios de tiempos altamente competitivos e intolerantes, que en ciertas situaciones llevan a lamentables estados de exclusión, en algunos casos abismales, tal como explica Marcelino Cereijido al afirmar que “[l]a diferencia entre la cantidad y calidad de conocimiento entre dos personas, empresas o países desencadena inevitablemente procesos por los cuales el poderoso toma como ‘medio’ a quien no lo posee”(2012:185).

Los notorios avances científicos, el auge de las tecnologías, los impulsos de la globalización no llegan a todos de la misma manera ni causan los mismos efectos, no obstante que en cualquier parte se escucha que propios y extraños se esfuerzan por la democratización y que nadie está en contra de las declaraciones de justicia social, paz y bien común. Otras declaraciones que faltan hacerse tangibles en su ejecución tienen que ver con la salud del planeta y el desarrollo sostenible, la interculturalidad, las políticas de alimentación o el agua para todos.  Pero del dicho al hecho es donde se advierte que hay un arduo camino por recorrer.

Y si nuestro interés inmediato es referirnos al campo de la educación, se comprueba la existencia de distancias por ahora considerables entre oferta y demanda, entre la calidad de lo aprendido en las aulas y los requerimientos concretos que hay en el mundo del trabajo. En opinión de Andreas Schleicher “[h]ay un desequilibrio entre lo que necesita la sociedad y lo que ofrece la escuela. Hay que invertir en ello. La educación de hoy es la economía de mañana” (2014:33). La falta de sinapsis entre los responsables de diseñar los planes de estudios y la empresa continúa sin solución, no obstante los esfuerzos que en los últimos años realizan escuelas, institutos y universidades por mejorar las competencias que deben lograr sus alumnos, con vistas a que en el futuro éstos sean eficientes en el desempeño de un puesto de trabajo.

A propósito, el desarrollo de competencias debe traducirse en desempeños que resulten de excelencia, sin duda apelando a las exigencias de calidad que a cada uno le corresponde alcanzar responsablemente, hasta llegar a los más altos niveles de  especialización. Arlette Beltrán y Janice Seinfield  aseguran que “la educación influye positivamente tanto en la calidad de vida de las personas como en el crecimiento económico de los países por el efecto que las mejoras educativas tienen en la productividad de los individuos y las tasas de retorno social” (2013:15).

Ante una realidad que nos acusa de mediocridad y diversas deficiencias, si por ejemplo recordamos las Pruebas PISA o escuchamos la opinión de los líderes de las empresas modernas, se hace necesario rediseñar el ejercicio docente, a partir del análisis y la evaluación de los modelos que se han venido conservando en la administración, en los planes de estudios y en las aulas, para irlos modificando sustancialmente. Esta misión tiene uno de sus puntos de partida en un mejor conocimiento del alumno en los distintos niveles del sistema. “Pensemos en la idea de que los niños tienen estilos de aprendizaje específicos: algunos son ‘aprendices visuales’, mientras que otros lo son auditivos; algunos estudian con el ‘cerebro izquierdo’ mientras que otros lo hacen con el derecho” (2010:6) explica Benedict Carey, para que el cuidado del docente no olvide este detalle para plantear las estrategias de su labor. Esta afirmación viene junto a suficientes estudios muy ligados a la teoría de las inteligencias múltiples planteada por Howard Gardner (1997) y sus seguidores (Goleman, 2003, 2004).

El mismo Gardner ha prolongado su interés por el mejoramiento educativo a través de sucesivos estudios (1997) que van de la mano con la neurociencia, pues se trata de una preocupación por las mentes proyectadas al futuro, pero mediante requerimientos que se deben cumplir hoy. En esta dirección, John Medina toma posición afirmando que “[l]os estudios de activación cerebral muestran que los niños y adolescentes en buena forma asignan más recursos cognitivos a una tarea y lo hacen durante períodos de tiempo más largos” (2011:30). Se trata de una formación integral de orden psicobiológico que privilegie la atención y la concentración como hábitos que sirvan de soporte para el aprendizaje y los cambios de comportamiento, en un ambiente natural y amigable.

Los trabajos de investigación encaminados a un mejor enfoque de las tareas en educación avanzan pero se requiere que de la teoría se llegue a la acción, a los hechos,  mediante procesos que también son motivos de esfuerzos teórico-prácticos como es el caso de la investigación-acción que entre otros ha estimulado John Elliott. Mediante una sugerencia importante, Jeff Jarvis nos apoya puntualizando que, por ejemplo, para alcanzar unos buenos resultados de lo que puede hacer cada ser humano, “Google busca personas con cinco habilidades: el razonamiento analítico (‘comenzamos con los datos, esto significa que podemos hablar de lo que sabemos, en lugar de lo que creemos saber’), destrezas de comunicación, la voluntad de experimentar, jugar en equipo, pasión y liderazgo” (2010:290). Creo que se trata de una enumeración que debe tenerse presente, porque resulta imprescindible la motivación intrínseca y extrínseca de cada persona, a fin de que desde los ejercicios más sencillos de orden físico o intelectual, avance hasta posiciones de liderazgo que eleven su autoestima y contribuyan, siempre con los mejores valores y la vigencia ética, al bienestar de la comunidad.

Hay que insistir que la tarea docente vaya más allá de los contenidos de un programa o de una asignatura. Hay que orientar toda la labor en función del alumno, verdadero protagonista de la educación y el aprendizaje. En tal sentido, no se trata de nuestras estrategias metodológicas sino de las que le resultan favorables a dicho protagonista. Vale destacar, en este punto, aquello que nos explica Zygmunt Bauman como deutero-aprendizaje. Manifiesta Bauman que “[Gregory]Bateson pondría los puntos sobre las íes afirmando que el deutero-aprendizaje, ese ‘aprender a aprender’, no solo es inevitable sino que constituye un indispensable complemento de todo protoaprendizaje; sin deutero-aprendizaje, el  ‘aprendizaje de primer grado’ produciría una mente seca y anquilosada incapaz de asimilar una situación modificada o simplemente no prevista de antemano” (2007:144). Bauman pone de relieve la importancia que tienen el contexto sociofamiliar y el cómo de las tareas, a la vez que la visión, las motivaciones y los afectos que animan al alumno.

En cuanto al contexto, en la movilidad acentuada de hoy, la escuela debe desenvolverse como una organización dinámica y creativa  internamente, y en lo externo estar abierta de modo permanente a la comunidad, para ser capaz de adecuarse a los cambios cotidianos de todo orden.  Solo así entenderemos mensajes como el que nos entrega José Antonio Marina: “Todos estamos educando. La riqueza de las naciones ya no es tener mucha materia prima, ni mucha población ni mucho dinero. Es tener mucho talento y el talento no se nace con él. No está antes de la educación, sino después” (2012:80).

Referencia bibliográfica

Bauman, Zygmunt (2007). La sociedad individualizada. Madrid, Cátedra.

Beltrán, Arlette y Janice Seinfeld (2013) La trampa educativa en el Perú. Cuando la educación llega a muchos pero sirve a pocos. Lima, Universidad del Pacífico.

Carey, Benedict (2010). “Olvide lo que sabe sobre hábitos de estudio”. En: The New York Times de El País, 30 de septiembre.

Cereijido, Marcelino (2012). La ciencia como calamidad. Un ensayo sobre el analfabetismo científico y sus efectos. Barcelona, Gedisa S.A., p. 185

Gardner, Howard (1997) Las inteligencias múltiples. Estructura de la mente. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

———————– (1997) La mente no escolarizada. Cómo piensan los niños y cómo deberían enseñar las escuelas. Barcelona: Paidós Ibérica, SAICF.

Goleman, Daniel (2004) La práctica de la inteligencia emocional. Barcelona: Kairós, S.A.

——————— (2003) Emociones destructivas. Cómo entenderlas y superarlas. Barcelona: Kairós, S.A.

Jarvis, Jeff (2010) Y Google ¿cómo lo haría? Bogotá, Planeta Colombiana.

Marina, José Antonio (2012)”El talento viene tras la educación, no se nace con él” (Ent. Blanca Torquemada). ABC, Madrid, 17 de septiembre.

Medina, John (2011) Exprime tus neuronas. 12 reglas básicas para ejercitar la mente. Barcelona, Grupo Planeta.

Schleicher, Andreas. “Equidad no es tratar a cada alumno y cada centro de la misma forma” (Ent. Ana Teruel).El País, 3 de febrero.

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