Todos los seres humanos somos creativos, porque enfrentados al azar y la necesidad no tenemos otra salida que ingeniarnos las soluciones para resolver los problemas. Existe, al mismo tiempo, un impulso interno que nos lleva a vencer dificultades, de tal manera que nuestra misión medular en la vida es precisamente resolver problemas, dentro de nuevas visiones de la realidad y nuevas actitudes para salir airosos en el cambio constante que significa el mundo actual. Un modo de respirar tranquilos en el actual panorama del mundo es ser creativos por excelencia.  

El camino hacia la felicidad está en resolver nuestros problemas o en contribuir a que otros solucionen los suyos. Y en gran medida, lograr soluciones nuevas implica aplicar la creatividad, de tal modo que nuestra felicidad es más intensa cuanto más creativa y original sea cada solución.

Ser creativos, para los humanos de este tiempo, resulta casi un desafío, a la vez que nos anima cierto clima lúdico, pues nos animamos a nuevos caminos porque ya hemos aprendido que para cada problema hay muchas soluciones. Y eso es cierto. En todo caso, tenemos la curiosidad de experimentarlo.  Solos o en grupo. Mediante la autorregulación, la empatía y la sinergia.

A propósito, este es un testimonio que nos entregó  Lila Ordóñez, una joven madre orvalina, ligada a la arquitectura de interiores, que en este caso también ejercitó una metodología docente sin discusión:

“A mi hija, cuando tenía un añito, le encantaba rayar en las paredes. Así que forré la pared con papelógrafos hasta donde ella podía alcanzar. Y empezó a rayar justo allí. Poco a poco le fui reduciendo el papel, hasta el punto de ser un solo papelógrafo. Posteriormente, le compré colores y una mesita. Puse el papelógrafo en la mesa. Entonces, pintaba en el papelógrafo. Luego, reduje el papelógrafo al tamaño de las hojas A-4, en papel bond. Y ella seguía pintando.

Despoués de un tiempo, le compré un cuaderno. Desde allí, mi hija raya y pinta sólo en cuadernos de hojas blancas que aún no estén utilizadas, porque desde el primer momento le enseñé a ser ordenada y a respetar los libros y todo lo que tenga algún contenido. Ahora, tiene dos añitos y un cuaderno para pintar. Si, por casualidad, se encuentra con mis materiales de estudio, incluyendo las separatas, ella solo los “lee” a su modo, pero no me los raya. Es decir, creo que respeta lo ajeno…”

 Insistimos, unos más, otros menos, todos los seres humanos somos creativos, pero es deber de padres, maestros o instructores, en casa, en los centros de formación, en las fábricas, estimular al máximo la creatividad de cada persona.

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